Microsoft: un ecosistema integrado que se torna complejo

Microsoft: un ecosistema integrado que se torna complejo

Un estudio de Kaseya sobre ciberresiliencia en entornos Microsoft advierte sobre la creciente complejidad de administrar identidades, dispositivos, datos y servicios conectados.  

Microsoft dejó de ser hace tiempo una colección de herramientas de productividad. Hoy, su ecosistema puede abarcar colaboración, identidad, nube, dispositivos, seguridad, datos y aplicaciones empresariales. Microsoft: un ecosistema integrado que se torna complejo

Esa integración representa una ventaja competitiva. Sin embargo, también introduce un desafío menos visible: administrar correctamente un entorno tecnológico cada vez más interconectado.

Precisamente, ese es uno de los puntos centrales del informe State of cyber resilience in Microsoft environments, elaborado por Kaseya a partir de una encuesta a más de 200 profesionales de TI.

El estudio analiza los principales desafíos que enfrentan las organizaciones para proteger y recuperar sus entornos Microsoft. Además, pone el foco en la necesidad de avanzar desde las estrategias tradicionales de respaldo hacia modelos de ciberresiliencia más amplios.

El problema no está necesariamente en una herramienta específica. Está en la cantidad de componentes que deben funcionar de manera coordinada.

Microsoft 365, Azure, Microsoft Entra, Intune, Defender y otros servicios requieren configuraciones, políticas y controles propios. Por consiguiente, los equipos de TI deben mantener una visión transversal del entorno.

La complejidad aparece cuando las organizaciones agregan usuarios, dispositivos, aplicaciones, cargas de trabajo, servicios de inteligencia artificial e integraciones de terceros.

En ese escenario, una modificación aparentemente sencilla puede tener consecuencias sobre identidad, acceso, datos o seguridad.

Kaseya señala que Microsoft ya no puede administrarse como una única plataforma desde una sola consola. Las organizaciones utilizan múltiples centros administrativos y portales para gestionar diferentes componentes del ecosistema.

Por tanto, mantener políticas consistentes puede convertirse en un desafío operativo.

Además, la información relacionada con seguridad suele encontrarse distribuida entre identidades, dispositivos, recursos de nube, aplicaciones y servicios.

Esa fragmentación puede dificultar la construcción de una visión completa del riesgo. También puede obligar a los equipos de seguridad a cambiar constantemente entre diferentes herramientas durante una investigación.

El problema adquiere mayor importancia cuando aparecen configuraciones inconsistentes, cambios frecuentes o responsabilidades distribuidas entre varios equipos. En consecuencia, la complejidad tecnológica puede terminar convirtiéndose en complejidad de seguridad.

Kaseya advierte que esta situación puede generar puntos ciegos, desviaciones de configuración, riesgos relacionados con las identidades y dificultades para recuperar los sistemas después de un incidente. Por eso, la ciberresiliencia no debería limitarse a impedir que ocurra un ataque.

También debe considerar qué sucede cuando el ataque ya ocurrió. Una organización resiliente necesita identificar rápidamente el incidente, contenerlo, recuperar sus servicios críticos y reducir el tiempo de interrupción. Así, la discusión cambia. Ya no se trata solamente de cuántas herramientas de seguridad tiene una empresa. La pregunta relevante es si esas herramientas permiten entender el ecosistema como un todo.

El mensaje de Kaseya coincide con una tendencia más amplia de la gestión tecnológica: la consolidación y la visibilidad están adquiriendo tanta importancia como la incorporación de nuevas capacidades. Esto resulta especialmente relevante en organizaciones que han construido sus entornos tecnológicos durante años mediante la incorporación sucesiva de servicios.

Cada nueva plataforma puede resolver un problema concreto. Sin embargo, también puede añadir otra consola, otra política, otra integración y otro conjunto de permisos. Por consiguiente, la transformación digital puede producir una paradoja. La empresa incorpora más tecnología para ganar eficiencia, pero termina necesitando más recursos para administrar esa tecnología.

La llegada de la inteligencia artificial puede profundizar el fenómeno. Nuevos servicios, agentes, aplicaciones y flujos automatizados aumentarán la cantidad de identidades, datos y conexiones que deberán gobernarse.

Por ello, simplificar va más allá de utilizar menos tecnología para pasar a la fragmentación, la mejora de la visibilidad y establecer políticas coherentes sobre todo el ecosistema.

El estudio de Kaseya plantea justamente esa conversación alrededor de la ciberresiliencia de Microsoft. Para las áreas de TI, el desafío ya no consiste solamente en incorporar las capacidades de Microsoft. Ahora deben demostrar que pueden gobernar la complejidad que esas capacidades generan.

Y esa puede convertirse en una de las condiciones más importantes para que la infraestructura tecnológica siga siendo un habilitador del negocio, en lugar de transformarse en otra fuente de riesgo.