IA en la construcción

IA en la construcción: América Latina en obra gris

La IA ya transformó la infraestructura. El reto ahora es que la industria de la construcción evolucione al mismo ritmo.

Durante décadas, las constructoras se preocuparon por levantar edificios seguros, funcionales y rentables. Hoy enfrentan un reto completamente distinto: diseñar edificios capaces de evolucionar junto con la inteligencia artificial. Nuevas preguntas comienzan a ganar relevancia: ¿Estamos construyendo edificios preparados para convivir con esa nueva realidad? ¿Ya está prevista la IA en la construcción?

El más reciente estudio de Frost & Sullivan sostiene que la convergencia entre inteligencia artificial, regulación e infraestructura crítica impulsará una nueva etapa de crecimiento para la industria global de viviendas y edificios durante 2026. El mercado podría alcanzar ingresos de entre US$2,03 y US$2,10 billones, impulsado por plataformas inteligentes, edificios autónomos y servicios basados en datos.  

Sin embargo, la verdadera discusión va más allá de la tecnología. El desafío consiste en determinar si la industria de la construcción está diseñando edificios capaces de evolucionar durante las próximas décadas o si continúa levantando activos pensados únicamente para cumplir la normativa vigente. Las empresas del sector ya están al tanto de las necesidades y quieren aportar para mejorar la construcción y reducir la brecha.

Durante años, un edificio inteligente se asociaba con iluminación automatizada, cámaras de seguridad o sistemas de climatización conectados.

Ese paradigma está cambiando.

Frost & Sullivan afirma que los edificios evolucionan desde activos físicos hacia ecosistemas inteligentes, capaces de tomar decisiones autónomas, optimizar recursos y mejorar continuamente su desempeño mediante inteligencia artificial, plataformas unificadas y análisis de datos. Entre las principales oportunidades identifica la IA agéntica aplicada a edificios, las plataformas integradas de gestión y la iluminación adaptativa.  

En este escenario, el edificio deja de ser una estructura para convertirse en una plataforma digital.

Aquí surge la pregunta más relevante para América Latina.

Muchos proyectos inmobiliarios cumplen con las normas técnicas y regulatorias. Sin embargo, eso no significa necesariamente que estén preparados para incorporar inteligencia artificial, gemelos digitales, mantenimiento predictivo o plataformas de operación basadas en datos.

En países como Colombia existen reglamentos como el RETIE y el RITEL, que fortalecen la seguridad eléctrica y la infraestructura interna de telecomunicaciones. Son avances importantes porque crean una base técnica sólida.

No obstante, cumplir la regulación representa el punto de partida, no el punto de llegada.

La diferencia entre un edificio conectado y un edificio preparado para la IA radica en la visión con la que fue concebido desde el diseño.

La transformación no depende únicamente de incorporar nuevos dispositivos. Requiere cambiar la manera en que se diseñan los proyectos.

Este cambio implica que arquitectos, ingenieros, integradores tecnológicos, operadores de telecomunicaciones y especialistas en automatización participen desde las primeras etapas del proyecto.

Otro de los hallazgos del estudio es el creciente peso de la regulación.

En Europa, normas como la Energy Performance of Buildings Directive (EPBD), junto con nuevas exigencias en ciberseguridad y sostenibilidad, están acelerando la modernización de edificios existentes y elevando los requisitos para los nuevos desarrollos.  

La regulación, sin embargo, establece un estándar mínimo.

La verdadera ventaja competitiva provendrá de quienes integren inteligencia artificial, automatización, infraestructura digital y eficiencia energética antes de que el mercado o las autoridades lo exijan.

El crecimiento urbano, la expansión de centros de datos, la electrificación de la movilidad y la digitalización empresarial aumentarán la demanda por edificios mucho más flexibles.

Esto abre oportunidades para constructoras, desarrolladores inmobiliarios, fabricantes de infraestructura, proveedores de telecomunicaciones e integradores tecnológicos.

Empresas especializadas en energía, cableado estructurado, redes, automatización y plataformas digitales tendrán un papel cada vez más relevante en el diseño de los proyectos, no únicamente durante su operación.

La construcción inteligente dejará de ser una categoría exclusiva de edificios corporativos para convertirse en un requisito en hospitales, universidades, centros logísticos, parques industriales y, progresivamente, en proyectos residenciales.

La inteligencia artificial ya está modificando la manera en que se administran los edificios.

La verdadera pregunta es si también cambiará la forma en que los construimos.

Seguir levantando edificios para agregar tecnología cuando la obra ya terminó puede incrementar costos, limitar la interoperabilidad y reducir la capacidad de adaptación futura.

En cambio, diseñar infraestructura preparada para evolucionar permitirá integrar nuevas aplicaciones, mejorar la eficiencia energética y aprovechar el valor estratégico de los datos durante todo el ciclo de vida del activo.

Como plantea Frost & Sullivan, los edificios están dejando de ser activos pasivos para convertirse en ecosistemas inteligentes. La diferencia estará en quiénes comiencen a construir pensando en esa realidad desde el primer plano y quiénes esperen a que la regulación o el mercado los obliguen.  

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