Soberanía tecnológica
Forrester proyecta que la soberanía tecnológica global apenas pasará de 39% a 40% en 2030. Pero ese punto porcentual oculta una transformación mucho mayor: la lucha ya no es por hacerlo todo, sino por controlar los eslabones críticos de las cadenas de valor.
En cinco años de inversiones, políticas industriales y tensiones geopolíticas la soberanía tecnológica global apenas aumentará un punto. Entonces, cabe hacerse una pregunta incómoda: ¿Para qué preocuparnos por ella?
La respuesta nos la acerca el Global Sovereignty Forecast 2025-2030 de Forrester. Esta investigación estima que el promedio de soberanía tecnológica de los 14 países analizados pasará de 39% en 2025 a 40% en 2030. China alcanzaría 82% y Estados Unidos 79%, muy por encima del resto.
El mundo no quiere dejar de depender, quiere decidir de quién depende
La cifra parece indicar que el mundo avanzará poco. Pero también puede interpretarse de otra manera. La soberanía, por irónico que parezca, consiste en tener capacidad para decidir cómo, dónde y de quién depender.
Ninguna economía moderna puede fabricar por sí misma todos los chips, servidores, sistemas operativos y equipos de telecomunicaciones que necesita. Tampoco puede desarrollar todos sus modelos de inteligencia artificial, no proveerse con materias primeas y otores componentes y herramientas que necesita.
La definición de soberanía tecnológica de Forrester reconoce precisamente esa complejidad. Su índice considera varios factores claves. Entre los más destacados están inversión pública en IA, nube, talento, modelos de IA, centros de datos, semiconductores, software y procesamiento de tierras raras. Por eso, el objetivo no debería ser construir economías cerradas.
La verdadera pregunta es qué capacidades críticas debe controlar cada país para reducir sus vulnerabilidades y capturar mayor valor económico. La segunda pregunta es cómo genero valor integrando mi productividad, mis recursos y mi capital humano al engranaje mundial.
La evolución de la industria de semiconductores lo demuestra.
A comienzos de siglo, el mercado de procesadores estaba mucho más concentrado alrededor de unos pocos actores. Intel, por ejemplo, tenía una posición muy fuerte en los computadores personales. Después aparecieron nuevos modelos.
Apple comenzó a diseñar sus propios procesadores. Google desarrolló sus TPU para inteligencia artificial. Meta creó sus aceleradores MTIA. Últimamente, NVIDIA convirtió las GPU en una plataforma de computación acelerada que combina hardware, software y ecosistema.
De hecho, la industria no dejó de depender de terceros, sino que se volvió más interdependiente.
Del procesador a la cadena de valor
Así, un chip moderno no es simplemente un producto. Detrás existen arquitectura, propiedad intelectual, software de diseño, materiales, equipos de fabricación, obleas, productos químicos, empaquetado, pruebas, memoria, interconexión y centros de datos.
La OCDE señala que la producción de semiconductores puede involucrar más de 1.000 procesos y cientos de productos químicos especializados.
Esto explica una de las paradojas de la soberanía tecnológica. NVIDIA puede controlar una posición decisiva en inteligencia artificial y, al mismo tiempo, depender de fabricantes especializados.
Por su parte, TSMC puede dominar la fabricación avanzada y depender de proveedores internacionales de equipos y materiales.
Igualmente, Estados Unidos puede liderar en diseño, software, IA y capital tecnológico y necesitar cadenas asiáticas para determinados componentes.
Y, por supuesto, China puede controlar una parte crítica del procesamiento de minerales y a la vez, depender de tecnología, mercados y proveedores externos.
Soberanía tecnológica ¿Qué explica crecer un único punto en en cinco años?
El aumento de 39% a 40% no significa que nada esté ocurriendo nada importante. Significa que construir capacidades soberanas es difícil porque las tecnologías estratégicas dependen de otras tecnologías estratégicas.
Forrester identifica precisamente a los semiconductores y el software entre los grandes desafíos de soberanía por la concentración de proveedores y cadenas de suministro. Al mismo tiempo, proyecta que la fabricación de semiconductores será una de las dimensiones con mayor avance.
El asunto es saber quién capturará ese punto porcentual y qué capacidades habrá construido para hacerlo.
La historia reciente demuestra que pequeños cambios en determinadas posiciones pueden alterar el equilibrio de una industria. El mejor caso es NVIDIA, que no necesitó convertirse en fabricante de chips para ser uno de los actores centrales de la computación mundial.
Al tiempo, Apple nunca se ha planteado fabricar todos los componentes de sus procesadores para controlar una parte creciente de su arquitectura.
¿Podrá China decir lo mismo? China no necesita producir toda la tecnología mundial para convertir el procesamiento de minerales críticos en una posición estratégica.
Hoy, la narrativa y el discurso de la soberanía parece consistir en mostrar las posiciones que se ocupan y que otros necesitan.
China y Estados Unidos: dos modelos diferentes
Estas dos potencias lideran el índice de Forrester, pero sus fortalezas no son iguales.
Inicialmente, China ha construido una enorme profundidad industrial. Su capacidad abarca desde materias primas y procesamiento hasta manufactura, electrónica, baterías y productos terminados.
La Agencia Internacional de Energía muestra la importancia de esa posición en los minerales críticos. El cuello de botella mundial no está solamente en extraer minerales, sino en refinarlos, procesarlos y convertirlos en materiales y componentes. China ocupa posiciones dominantes en varios de esos procesos.
Por su parte, Estados Unidos posee otra clase de profundidad. Su fortaleza está especialmente relacionada con investigación científica, propiedad intelectual, capital, software, plataformas digitales, diseño de chips e inteligencia artificial.
Los datos de la National Science Foundation muestran la concentración estadounidense de inversión empresarial en I+D relacionada con software e IA.
Podríamos resumirlo así: China ha construido profundidad industrial. Estados Unidos ha construido profundidad científica, financiera y digital. Ambos, sin embargo, necesitan del resto del mundo.
La paradoja es que la interdependencia genera importantes oportunidades.
Europa ofrece otro ejemplo.
La Unión Europea reconoce que depende de proveedores externos en numerosas tecnologías digitales críticas. Su respuesta no es abandonar las cadenas globales, sino desarrollar capacidades propias en semiconductores, nube, inteligencia artificial, software y otras tecnologías estratégicas.
La estrategia revela que la soberanía significa reducir las dependencias que pueden convertirse en vulnerabilidades y fortalecer las capacidades para negociar desde una posición más favorable.
Esto abre una posibilidad para los países emergentes. No todos necesitan construir una fábrica de chips de última generación. Pueden especializarse en diseño, empaquetado, pruebas, electrónica de potencia, sensores, software, integración de sistemas o aplicaciones industriales.
La OCDE identifica precisamente estas posibilidades al analizar el desarrollo del ecosistema de semiconductores en economías emergentes.
La pregunta para un país debería ser qué parte de esta cadena podemos hacer mejor que otros.
Software y nube: una oportunidad para América Latina
Los países emergentes tienen pocas posibilidades de competir con China en escala industrial o con Estados Unidos en capital tecnológico. Pero el software requiere una combinación diferente que une talento, conocimiento, propiedad intelectual, infraestructura y mercado.
Eso permite desarrollar capacidades en inteligencia artificial, ciberseguridad, software empresarial, servicios cloud, integración, automatización y soluciones verticales.
Los centros de datos ofrecen otra oportunidad. El BID ha identificado un potencial importante para América Latina si la región logra combinar infraestructura digital, energía, conectividad, regulación y talento. En Colombia, su análisis encuentra impactos económicos relevantes asociados con el desarrollo de infraestructura de datos.
La nube, por tanto, puede convertirse en infraestructura para producir soberanía.
Con esto, un país que promueve el desarrollo de centros de datos, y genera talento y emprendimiento puede integrarse en las cadenas de valor. Igualmente, el software y los servicios gestionados, junto la IA y las capacidades de ciberseguridad ayudarán a las naciones a entrar en la economía digital.
Soberanía tecnológica: Crecer, diferenciarse y liderar
El mayor riesgo para América Latina sería interpretar la soberanía tecnológica como una carrera para imitar a las grandes potencias. La región tiene activos importantes en energía, minerales críticos, biodiversidad, talento, agricultura, industria, telecomunicaciones y mercados.
El desafío consiste en convertir esos activos en cadenas de valor. De hecho, no basta con extraer litio sin analizar las capacidades que pueden desarrollarse alrededor de su procesamiento.
Igual pasa con un recurso tan valioso como la energía limpia. Las naciones de la región pueden preguntarse qué industrias digitales e industriales puede atraer.
Lo mismo sucede con el talento y su capacidad para entregar propiedad intelectual, empresas exportadoras y productos. Todo esto acompañado del desarrollo de servicios, aplicaciones e inteligencia sobre los datos.
Al respecto, la CEPAL ha insistido precisamente en la necesidad de avanzar hacia mayor agregación de valor, industrialización y transferencia tecnológica alrededor de los minerales críticos.
Soberanía tecnológica: La empresa también tiene una tarea
Cabe mencionar que la soberanía tecnológica no es solamente responsabilidad de los gobiernos. También, las empresas necesitan conocer sus dependencias críticas.
¿De quién depende su nube? ¿Dónde están sus datos? ¿Quién fabrica los componentes de su infraestructura? ¿Puede cambiar de proveedor? ¿Cuánto tardaría? ¿Qué ocurriría si una sanción, una guerra comercial, una crisis logística o una decisión regulatoria interrumpiera ese suministro?
Responder estas preguntas permite convertir la soberanía tecnológica en una herramienta de gestión de riesgo empresarial.
Los gremios pueden avanzar un paso más. Podrían construir mapas sectoriales de dependencia tecnológica para identificar dónde existen vulnerabilidades y dónde aparecen oportunidades para proveedores regionales.
Evidentemente, sectores como telecomunicaciones, banca, energía, manufactura, salud y agricultura tienen necesidades diferentes, pero todas dependen de cadenas tecnológicas globales. Conocerlas es el primer paso para ocuparlas.
Con investigación y análisis, las industrias locales mitigan las dependencias críticas sin alternativas- A su vez, desarrollan capacidades estratégicas propias y ocupan posiciones de mayor valor dentro de las cadenas globales.
Así, la proyección de Forrester indica una confrontación que valorará quién diseña, procesa o fabrica, frente a quien controla los datos, desarrolla el software y posee la propiedad intelectual. Lo mismo sumará para quién suministra la energía o quién domina no solo la extracción de minerales sino cómo aprovecharlos.
Por último, pero no menos importante, quién puede reemplazar a quién.
El tema estratégico es determinar desde hoy respuestas a esta pregunta: ¿Qué dependencia estamos dispuestos a aceptar, qué capacidades queremos controlar y qué dependencia podemos generar en otros? Porque en la economía tecnológica del futuro, la soberanía pertenecerá a quien controle algo que los demás necesiten.
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